Fuente: Medscape, Katherine Kam. 26-5-2020
Se sabe que uno se puede contagiar por COVID-19 de una persona infectada que tosa o estornude mediante las gotitas contagiosas que alcancen nuestra nariz o boca, pero, ¿puedes enfermar si el virus alcanza los ojos?
La pérdida del padre debido a muerte, divorcio o causas penales se vinculó con niños con telómeros más cortos, según un estudio que señala una posible explicación biológica de los problemas de salud encontrados a menudo en niños con padres ausentes.[1]
Un nuevo estudio de corte transversal demuestra un mayor riesgo para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños y adolescentes con menor adherencia a la dieta mediterránea que aquéllos con mayor adherencia a la dieta mediterránea, según han publicado investigadores liderado por la Dra. Izquierdo-Pulido de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona (España).

La intolerancia alimentaria o intolerancia a los alimentos son reacciones adversas del organismo hacia alimentos que no son digeridos, metabolizados o asimilados completa o parcialmente.
Huevos sí o huevos no
Agosto 2018
Juan M Ramos
Farmacéutico
Desde hace tiempo se mantiene la controversia sobre las recomendaciones del consumo de huevos en nuestra dieta. Ya en 1.999 un gran estudio prospectivo de la Universidad de Harvard (Hu FB, Stampfer MJ, Rimm EB, et al. JAMA. 1999;281:1387-94) realizado con 120.000 participantes (40.000 hombres y 80.000 mujeres) concluyó que el consumo de un huevo diario no aumentaba el riesgo de enfermedad cardiovascular en individuos sanos.
Los alimentos analizados aparecen en el informe clasificados por familias de alimentos de la siguiente manera en:
i) Alimento Negativo (círculo verde),
ii) Alimento Positivo + (círculo amarillo),
iii) Alimento Positivo ++ (círculo naranja), y
iv) Alimento Positivo +++ (círculo rojo).

A continuación de esta clasificación hay una hoja resumen con los alimentos que hayan resultado intolerantes e hipersensibles. En esta hoja se indican sólo los alimentos intolerantes bajo el siguiente epígrafe:
i) Positivo + o Reactividad Incierta,
ii) Positivo ++ o Reactividad Clara, y
iii) Positivo +++ o Reactividad Muy Clara.
Esta identificación de los alimentos junto con la anterior corresponde a los resultados expresados según la terminología de laboratorio y equivale a la siguiente descripción:
i) Alimento Negativo o círculo verde = Alimento Tolerado
ii) Alimento Positivo + o Reactividad Incierta o círculo amarillo = Alimento con Intolerancia Baja
iii) Alimento Positivo ++ o Reactividad Clara o círculo naranja = Alimento con Intolerancia Media
iv) Alimento Positivo +++ o Reactividad Muy Clara o círculo rojo = Alimento con Intolerancia Alta
Seguidamente en el informe se amplía la información de los alimentos intolerantes con una descripción detallada de aquellos alimentos que pueden contener en su composición de forma \”oculta\” los alimentos que han resultado intolerantes:
En esta relación se indican alimentos preparados o procesados que pueden contener el alimento intolerante y en cuyo caso también hay que eliminar. En algunos casos, se presentan alimentos alternativos a los alimentos intolerantes y en los que hay que considerar que si los alimentos alternativos que se ofrecen también han resultado intolerantes por otra parte, entonces no son válidos como alternativa.
A efectos prácticos vamos a tratar a los alimentos intolerantes de esta forma: alimentos de intolerancia baja, media o alta y, ante todo, conviene aclarar que este grado de intensidad de la intolerancia e hipersensibilidad del alimento (bajo, medio o alto) no está relacionado con el perjuicio que nos puede causar el alimento intolerante, es decir, no significa que un alimento con intolerancia baja produzca síntomas de carácter leve o bajo, y tampoco significa que otro alimento con intolerancia alta vaya a provocar síntomas más acusados. Más bien este grado de intolerancia está relacionado con la intensidad de la respuesta inmune que ese alimento es capaz de generar y, por tanto, la capacidad de producir inmunoglobulinas G (IgG); que es lo que se ha analizado de forma muy precisa. Hay que tener en cuenta que la sensibilidad del método es muy alta y bastan mínimas cantidades de IgG producidas por un alimento para que éste resulte \”Positivo +\”. En resumen, los alimentos con intolerancia baja son capaces de producir una concentración baja de IgG, mientras que los de intolerancia media producen una concentración mayor y los de intolerancia alta aún
mayor que los anteriores.
Si nos centramos en los síntomas o perjuicios que nos pueden causar los alimentos intolerantes hay que aclarar que estos síntomas no dependen de que esos alimentos sean de intolerancia baja, media o alta, es decir, la intolerancia alimentaria no es dosis-dependiente, en cuanto a los síntomas que nos puedan producir. Dicho de otro modo, si consumimos ocasionalmente un alimento con intolerancia baja, no quiere decir que como su intolerancia es baja nos producirá con menos probabilidad un efecto negativo. La intolerancia del alimento, en cuanto a los síntomas se refiere, no
está relacionada con que aquélla sea baja, media o alta, sino al hecho de que el organismo esta hipersensibilizado a ese alimento y bastan cantidades mínimas, trazas, para que su efecto indeseable se siga produciendo. Por ello, para que la aplicación de los resultados del test surta efecto es necesario eliminar absolutamente el consumo de cualquier alimento intolerante, sea de intolerancia baja, media o alta. Eliminarlo absolutamente significa eliminar completamente su consumo como alimento propio o formando parte de otros alimentos, incluso en proporciones
mínimas, tan pequeñas como en trazas. Ante la duda de que un alimento contenga el alimento intolerante, debemos evitar siempre su consumo. Este aspecto es de vital importancia para que la aplicación de los resultados del test tenga efecto.
Esta diferencia es la que nos va a determinar el tiempo que necesitamos eliminar el consumo de ese alimento para que pueda dejar de ser intolerante. Cuando un alimento es de intolerancia baja significa que la intensidad de la respuesta inmune detectada en el laboratorio, es decir, la capacidad que el alimento tiene para generar IgG, es baja y, por tanto, la concentración de IgG que produce en el organismo es baja, por ello, necesitaremos menos tiempo para eliminar las IgG del organismo que las de un alimento que presenta intolerancia alta. Este aspecto es variable y no siempre resulta de la misma forma, es decir, que un alimento intolerante puede o no dejar de serlo después de un período de eliminación absoluta de su consumo. Eso no lo
sabemos con seguridad, aunque la experiencia nos indica que habitualmente suele ser así. Para saberlo con certeza habría que repetir el test o bien hacer la prueba de reintroducción del alimento.
Este tiempo es variable y depende de varios factores. Primero depende del grado de intolerancia, es decir, si es baja, media o alta. En segundo lugar, de la presencia de síntomas y, después, de otros como la edad, sexo, estado físico, estado clínico, etc. Por tanto, su estimación es compleja. En nuestro informe, de forma general, aconsejamos al menos un mes y medio, pero considerando la presencia de síntomas y los niveles de intolerancia es recomendable mantener la eliminación de alimentos con intolerancia baja entre 2-3 meses, los de intolerancia media entre 4-6 meses y los de intolerancia alta entre 8-12 meses. Para una valoración más acorde con la experiencia y considerando criterios más concretos, consulte con nuestro especialista.
Al cabo del tiempo de eliminación se puede reintroducir un alimento, para ello, elegiremos siempre sólo uno de los alimentos intolerantes y de intolerancia baja.
Iniciaremos su consumo una vez a la semana y mantendremos así su consumo durante dos o tres semanas más. Durante este tiempo observaremos si se reproduce alguno de los síntomas que padecíamos anteriormente y que se había corregido con la eliminación de los alimentos intolerantes. Si al cabo de ese tiempo no se han reproducido los síntomas podremos consumir ese alimento dos veces por semana durante 2-3 semanas más. Con esta pauta podremos ir reintroduciendo alimentos intolerantes de forma muy lenta y progresiva, una vez cumplido el período de eliminación de cada nivel
de intolerancia, y procediendo siempre de la misma forma: primero con los alimentos de intolerancia baja, después con los de intolerancia media y, finalmente, con los de intolerancia alta. Para recortar estos plazos lo más aconsejable es repetir el test.
Nick Mulcahy
|July 27, 2016
There is «strong evidence» that alcohol causes seven cancers, and other evidence indicates that it «probably» causes more, according to a new literature review published online July 21 in Addiction.
Epidemiologic evidence supports a causal association of alcohol consumption and cancers of the oropharynx, larynx, esophagus, liver, colon, rectum, and female breast, says Jennie Connor, MB, ChB, MPH, from the Department of Preventive and Social Medicine, University of Otago, in Dunegin, New Zealand.
In short, alcohol causes cancer.
This is not news, says Dr Connor. The International Agency for Research on Cancer (IARC) and other agencies have long identified alcohol consumption as being causally associated with these seven cancers.
So why did Dr Connor, who is an epidemiologist and physician, write a new review? Because she wants to «clarify the strength of the evidence» in an «accessible way.»
There is «confusion» about the statement, «Alcohol causes cancer,» explains Dr Connor.
Public and scientific discussion about alcohol and cancer has muted the truth about causality, she suggests.
«In the public and the media, statements made by the world’s experts are often given the same weight as messages from alcohol companies and their scientists. Overall messages become unclear. For these reasons, the journal [Addiction] has tagged this piece [her review] as ‘For Debate,’ » she told Medscape Medical News.
The use of causal language in scientific and public discussions is «patchy,» she writes.
For example, articles and newspaper stories often use expressions such as «alcohol-related cancer» and «alcohol-attributable cancer»; they refer to a «link» between alcohol and cancer and to the effect of alcohol on «the risk of cancer.»
These wordings «incorporate an implicit causal association, but are easily interpreted as something less than cancer being caused by drinking,» observes Dr Connor.
«Stop drinking alcohol» is a catch phrase that could be ― but is not ― akin to «stop smoking,» she also suggests.
«Currently, alcohol’s causal role is perceived to be more complex than tobacco’s, and the solution suggested by the smoking analogy — that we should all reduce and eventually give up drinking alcohol — is widely unacceptable,» writes Dr Connor.
The newly published review «reinforces the need for the public to be made aware of the causal link between alcohol and cancer,» said Colin Shevills, from the Alcohol Health Alliance UK, in a press statement.
«Research shows that only around 1 in 10 people [in the UK] are currently aware of the alcohol-cancer link,» he said.
«People have the right to know about the impact of alcohol on their health, including its link with cancer, so that they can make informed choices about how much they drink,» added Shevills.
The lack of clarity about alcohol causing cancer, Dr Connor believes, is related to alcohol industry propaganda as well as the fact that the «epidemiological basis for causal inference is an iterative process that is never completed fully.»
Dr Connor writes that the strength of the association of alcohol as a cause of cancer varies by bodily site. The evidence is «particularly strong» for cancer of the mouth, pharynx, and esophagus (relative risk, ~4-7 for ≥50 g/day of alcohol compared with no drinking) but is less so for colorectal cancer and liver and breast cancer (relative risk, ~1.5 for ≥50 g/day).
«For cancers of the mouth, pharynx, larynx and oesophagus there is a well-recognized interaction of alcohol with smoking, resulting a multiplicative effect on risk,» adds Dr Connor.
Other cancers are also likely caused by alcohol. Dr Connor writes that there is «accumulating research» supporting a causal contribution of alcohol to cancer of the pancreas, prostate, and skin (melanoma).
The exact mechanisms as to how alcohol, either alone or in combination with smoking, cause cancer «are not fully understood,» although there is some supporting «biological evidence,» she says.
One British expert had an opinion about alcohol’s carcinogenicity.
In a statement about the new review, Prof Dorothy Bennett, director of the Molecular and Clinical Sciences Research Institute at St. George’s, University of London, said: «Alcohol enters cells very easily, and is then converted into acetaldehyde, which can damage DNA and is a known carcinogen.»
In the new review, Dr Connor describes various hallmarks of causality that have been found in epidemiologic studies of alcohol and these seven cancers, such as a dose-response relationship and the fact that the risk for some of these cancers (esophageal, head and neck, and liver) attenuates when drinking ceases.
Current estimates suggest that alcohol-attributable cancers at the seven cancer sites make up 5.8% of all cancer deaths worldwide, she states.
The alcohol industry has a lot at stake, she says, which in turn leads to «misinformation» that «undermines research findings and contradicts evidence-based public health messages.»
A recent example comes from New Zealand, where a symposium on alcohol and cancer was covered by national media. An opinion piece by an industry-funded scientist in the capital’s daily newspaper disputed the evidence reported from the conference. That essay was entitled: «To Say Moderate Alcohol Use Causes Cancer Is Wrong.»
The essay included the statement: «While chronic abusive alcohol consumption is associated with a plethora of health problems including cancer, attributing cancer to social moderate drinking is simply incorrect and is not supported by the body of scientific literature.»
But there is no safe level of drinking with respect to cancer, says Dr Connor, citing research about low to moderate levels of alcohol, which has been
This was also the conclusion of the 2014 World Cancer Report, issued by the World Health Organization’s IARC.
The promotion of health benefits from drinking at moderate levels is «seen increasingly as disingenuous or irrelevant in comparison to the increase in risk of a range of cancers,» writes Dr Connor.
Public health campaigns «with clear messages» are needed to spread the word about alcohol’s carcinogenicity, she told Medscape Medical News.
«I think that the UK is leading the way. Alcohol consumption as a public health issue has had high exposure in the UK over quite a number of years,» said Dr Connor, who provided links to two awareness campaigns, the Balance campaign, and the Balance Northeast campaign.
Earlier this year, the United Kingdom issued new guidelines on alcohol drinking, recommending that men drink no more than women and warning that any amount of alcohol increases the risk of developing a range of cancers.
Organizations in New Zealand are also taking action. The New Zealand Medical Association, the Cancer Society of New Zealand, and the National Heart Foundation have all adopted evidence-based position statements that «debunk» cardiovascular benefits as a motivation to drink and that highlight cancer risks, Dr Connor said.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido un comunicado en el que sugiere que el consumo de bebidas muy calientes podría producir alteraciones del tracto esofágico llegando a causar cáncer de esófago. Esta relación entre bebidas muy calientes y cáncer no parece estar vinculado a la naturaleza de las bebidas, entre las cuales, las más habituales son el café y el té o infusiones con distinto contenido, sino al hecho de ingerirlas muy calientes.